Antonio Drove

El significado de Rosebud

«¿Quién fue en realidad Orson Welles? Mi propósito es averiguarlo, y para eso necesito saber cuál fue la última palabra que pronunció. A casi todos nos gustaría saber cuál será nuestra última palabra, aunque sólo sea para no pronunciarla jamás. Orson Welles, que fue niño prodigio y feliz en Wisconsin, se traslada a Irlanda a los 17 años con el propósito de convertirse en pintor. Pero pronto encuentra su verdadera vocación: ser actor, es decir, ser otro en otros y así, con ayuda del artificio del maquillaje y del disfraz, y gracias a su corpulencia prematura y a su potente, dúctil y versátil voz, consigue hacer creer fraudulentamente que es un famoso actor norteamericano de mucha más edad que la que tiene.

 

En 1938, ya de vuelta en Estados Unidos, Welles adapta para la radio la novela de H. G. Wells "La guerra de los mundos", en la que se narra cómo la Tierra es invadida por los marcianos. Se produce un equívoco histórico. Al día siguiente, cuando el sol se levanta, Orson se ha convertido en una estrella. Así es América. Hollywood le reclama. Firma con la RKO el contrato más fabuloso de la historia del cine: en un titánico esfuerzo, este joven de 26 años interpretará, dirigirá, escribirá y producirá una película: "Ciudadano Kane". Para Orson, el cine es "el mejor tren eléctrico" con el que jamás ha jugado. La película no arraiga en un público deformado por un sistema narrativo que le trata como a un niño tonto. Los mercaderes se sienten defraudados, pero la crítica de todo el mundo, año tras año, generación tras generación, aclama la película como una de las 10 mejores de la historia del cine. Sólo tiene tres detractores notables: Eric Von Stroheim, Sartre y Borges, quien dictamina lapidariamente: "La película no es inteligente. Es nocturna y genial en el sentido más alemán de esta mala palabra".

 

"Ciudadano Kane" comienza con el final de una vida. Los labios de un moribundo musitan: "Rosebud". Después, un noticiario informa que el magnate de la prensa, las finanzas y la política Charles Foster Kane ha muerto en su palacio de Florida: Xanadú. En un cartel leemos el principio del poema de Coleridge donde se dice que en Xanadú mandó edificar Kubla Khan su legendario palacio... El origen de la fortuna de Kane es una mina que heredó siendo niño, y le convirtió en millonario; aquel invierno, el pequeño Kane, fue separado de su madre y de su hogar para ser educado como correspondía a su nueva situación. Al terminar el noticiario, un redactor jefe se siente defraudado: "¿Quién era realmente Kane? Lo único que sabemos es lo que ha hecho. Quizá en su lecho de muerte, con su última palabra, nos explicó toda su vida. Si pudiéramos saber qué quiere decir Rosebud sabríamos quién fue Kane". Encarga a un periodista que averigüe el significado de la palabra. La empresa es vana: nadie sabe nada de Rosebud. Kane, como dijera lbsen de Peer Gynt, es como una cebolla: se la pela buscando el corazón, pero dentro no hay nada. Al final de la película, en un gigantesco horno, se queman trastos que Kane ha acumulado durante su vida: un trineo es arrojado al fuego, la cámara se acerca, en el trineo leemos Rosebud, hasta que las letras desaparecen burbujeando entre las llamas. Rosebud es la palabra escrita en aquel trineo con el que el niño Kane jugaba en la nieve aquel invierno cuando el destino le convirtió en millonario. De alguna forma, Rosebud es la infancia perdida.

 

Esta explicación metafórica es convincente, pero hay una historia que nos dará la clave para calar más hondo en el significado de Rosebud: se sabe que antes de escribir "Ciudadano Kane" Orson Welles preparó la adaptación al cine de la novela "Heart of darkness" ("El corazón de las tinieblas"), de Josef Conrad. Resumo su argumento: en Londres se le encarga una misión a Marlow. Kurtz, el mejor traficante de marfil del Congo, hace meses que no da señales de vida. Marlow debe encontrarlo, emprende su búsqueda. A lo largo del río, por los relatos de las distintas personas que lo conocieron, va reconstruyendo en diversos flash-backs la vida de Kurtz, igual que Welles a lo largo del río de la vida de Kane reconstruye su biografía. Marlow encuentra a Kurtz sumergido en un salvajismo prehistórico, convertido en un dios jefe de una tribu bárbara que practica atroces rituales. Kurtz muere en los brazos de Marlow. Sus últimas palabras son enigmáticas: "¡El horror, el horror!". Marlow, de vuelta en Londres, habla con la novia de Kurtz. Ésta le dice que si supiera qué dijo Kurtz al morir podría saber cómo era el hombre que amó. Marlow miente. En vez de responder: "El horror, el horror", replica: "Dijo su nombre, señorita". Las dos historias tienen la misma estructura dramática. Comparten también la misma hipótesis, según la cual una palabra desvelará el sentido de una vida. En Kane, Welles invierte el orden poniendo la escena de la muerte y la palabra al principio. Comparando las dos estructuras se obtiene la respuesta al significado de Rosebud. La última palabra de Kane es una metáfora de la infancia perdida, la de Kurtz es "el horror". Quizá para Welles el horror es la infancia perdida.

 

Por mi parte puedo añadir un dato más: en la ficción, Xanadú, el palacio de Kane, está en Florida; en la realidad, al otro lado del Caribe, en Varadero, cerca de La Habana, se encuentra la Casa de las Américas, que antes de la revolución fue palacio del multimillonario Dupont. De su comedor cuelgan tapices bordados con las palabras del poema Kubla Khan: la historia de Xanadú.

 

Dupont llamó a su casa Xanadú. ¿Qué es anterior: la película de Welles o el palacio de Dupont? ¿Kane está inspirado en Dupont o bien Dupont quería ser Kane (la vida imita al arte)? Según el discurso precedente, ¿cuál es el carácter, es decir, el personaje, que construye el ciudadano actor Orson Welles desde el final de su infancia hasta el final de sus días? ¿Quién era aquel personaje, persona o máscara, para quien la infancia perdida era el horror? Aventuro que es Peter Pan, el niño que no quería crecer. Y, si esta hipótesis es cierta, deduzco que la última palabra que salió (o debió salir) de sus labios fue: "Wendy". Así, Marlow hubiera podido decir sin faltar a la verdad: "Dijo su nombre, señorita".»

 

Antonio Drove

Octubre, 1990

Antonio Drove Shaw

(Madrid, 1942 - París, 2005)

Ha sido sin duda uno de los talentos más genuinos y desaprovechados del cine español. Su obra, donde abundan los proyectos suscitados como un encargo, se desarrolló a lo largo de casi cuarenta años. Comprende, por un lado, los cortos rodados en la Escuela Oficial de Cinematografía y sus trabajos para TVE; por otro, dentro del cine profesional, cinco largos ("Tocata y fuga de Lolita", 1974; "Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe", 1975; "Nosotros que fuimos tan felices", 1976; "La verdad sobre el caso Savolta", 1978-79; "El túnel", 1987) y tres cortometrajes.

 

Diplomado en la especialidad de Dirección por la E.O.C. en 1968, uno de sus cortos, "¿Qué se puede hacer con una chica?" (1969), obtuvo una notable acogida de público y crítica, pero no le sirvió para encontrar un puesto razonable en la industria cinematográfica. Su única alternativa laboral fue entrar a formar parte de TVE como realizador.

 

Cinco años después, dirigió su primer largometraje profesional, "Tocata y fuga de Lolita", de la mano del productor José Luis Dibildos, alineado de una manera un tanto ambigua dentro de lo que entonces se llamó “tercera vía” del cine español: una estrategia que, aceptando lo que Drove mismo denominaba “códigos de la industria”, y desmarcándose del “Cine de Autor”, apostaba por el ejercicio profesional en la confianza de poder imprimir a las historias, pese a todos los condicionamientos, un sello propio.

 

En 1978 inició el conflictivo rodaje de la que es muy probablemente su mejor película, "La verdad sobre el caso Savolta", adaptación libre de la novela de Eduardo Mendoza, y que pudo acabar gracias a la intervención de la Intersindical. Este hecho le creó una reputación -del todo injustificada- de director conflictivo, cuyas consecuencias le fueron empujando a la marginación.

 

"Antonio Drove -escribió en 2005 Miguel Marías, a raíz de la muerte de su amigo- representó con la máxima intensidad el espíritu de una cinefilia que no tiene nada que ver con lo que hoy circula bajo esa denominación: verdaderos entusiastas del cine, pero de una manera no excluyente -porque era parte de un interés apenas menos exaltado por la historia, la política, la literatura, la pintura, la música y la vida "real"-, que en muchas ocasiones dió el salto desde la contemplación hasta la reflexión crítica (por escrito u oral), y en algunas a la realización de películas."

Antonio Drove y Víctor Erice. París, octubre 2004.

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